PERSONIFICACIÓN POR ABDUCCIÓN Y CONDICION HUMANA (CUENTO)
El Doctor Rossi no se podía mover, no sabía por que, pero algo se lo impedía lo envolvía y le evitaba realizar cualquier movimiento, trataba de encontrar en el recinto una superficie que reflejara su imagen, sin lograrlo, todas las superficies eran opacas, grises, y sin embargo parecían reflejar un brillo intenso, las siluetas indefinidas ante sus ojos podían ser seres humanos o no, el resplandor de las paredes evitaba que pudiera determinar sus formas exactas parecían demasiado delgados y desproporcionados aún cuando morfológicamente podrían ser humanos, de pronto le vino a la mente la idea de la “personificación” -¿Como era? … pensó que ubicando en sus recuerdos la materia de estudio podría recordar mejor,…recordó “Literatura”, para ser exacto “Retórica”… y siguió recordando:
“La personificación prosopopeya es un tipo de metáfora ontológica consistente en caracterizar a una realidad no humana como humana, cediéndole atributos propios del ser humano (lengua, partes del cuerpo, etc.) Es decir, una personificación habla de algo no humano como si de un ser humano se tratara, revistiéndolo de cualidades humanas.”
-¿Será eso? Pensó, ¿estoy ante una metáfora ontologica? , ¿La mente me esta jugando una mala pasada y creo que esto que tengo ante mí son seres humanos a pesar de lo irreal de todo? pensó que se obligaría a recordar todo lo estudiado sobre esta materia, él tenía memoria visual así que le sería fácil recordar los textos, por que si esos que lo tenían allí eran humanos, es decir verdaderamente humanos, siempre estaba la posibilidad de razonar con ellos, negociar, hacerse entender de alguna manera…continuó recordando haciendo caso omiso al extraño aparato que uno de los seres le estaba introduciendo por las fosas nasales, dolía de una extraña manera si eso era posible, pero trató de concentrarse en sus recuerdos…
“…la metáfora (del griego metá o metastas 'más allá, después de'; y phorein, 'pasar, llevar') consiste en el uso de una expresión con un significado distinto o en contexto diferente al habitual. Establece una relación de identidad total entre dos seres, reflexiones o conceptos, de tal forma que para referirse a uno de los elementos de la metáfora se organiza el nombre de otro. Significa comparar dos elementos sin ocupar nexos. El término es importante tanto en teoría literaria (donde se usa como recurso literario) como en lingüística (donde es una de las principales causas de cambio semántico). Se utiliza también en psicología para referirse al poder profundo de "las historias-metafóricas" y su acción en el cambio interno, la visión o el paso a un nivel de conciencia más profundo.”
Ahora el dolor estaba localizado muy dentro de su cerebro supuso que en lóbulo frontal, comenzó a sentir nauseas, ¿Era esto real?...
Marcial Rossi médico psiquiatra, había salido esa tarde del hospital Saint Germain acompañado de su esposa Helga, ella había pasado a buscarlo para concurrir a una cena en la casa de fin de semana de los Mendía, y él había aceptado de buen gusto algo que normalmente hubiera rechazado; desde que le habían detectado una arritmia ventricular, Helga daba mas importancia a estas reuniones sociales y en general a todas las cosas que Marcial consideraba una pérdida absoluta de tiempo, pero tenía un buen matrimonio , aún cuando no habían podido tener hijos, y no quería molestarla o mortificarla con su particular forma de ver las cosas, menos aún ahora que Helga necesitaba una vida mas plácida, por ello cuando su esposa le pidió que pare el automóvil en el medio de la ruta para ver mejor esas luces que se acercaban le hizo caso, sin acotar siquiera lo que tenía en mente sobre lo estúpido que consideraba parar en el medio de la nada para ver pasar una avión volando bajo.
Lamentablemente, no había sido un avión, y si, una verdadera estupidez parar allí.
Nunca pensó que estas cosas existían,…como ya el dolor había cesado para dar lugar a un hormigueo en todo el cuerpo, siguió tratando de recordar lo principios de la retórica para cuando pudiera entablar algún dialogo con estos sujetos:
“En filosofía, la ontología (del griego οντος, genitivo del participio del verbo εἰμί, ser, estar; y λóγος, ciencia, estudio, teoría) es una parte de la metafísica que estudia lo que hay, es decir cuáles entidades existen y cuáles no. Muchas preguntas tradicionales de la filosofía pueden ser entendidas como preguntas de ontología: ¿existe un Dios? ¿Existen entidades mentales, como ideas y pensamientos? ¿Existen entidades abstractas, como los números? ¿Existen los universales?
Además, la ontología estudia la manera en que se relacionan las entidades que existen. Por ejemplo, la relación entre un universal (rojo) y un particular que "lo tiene" (esta manzana), o la relación entre un evento (Sócrates bebió la cicuta) y sus participantes (Sócrates y la cicuta).
Si, deben existir todas esas cosas ya que existían estos que ahora lo tenían así, pensó…pero ¿Serán humanos o que? reflexionó Marcial, mientras sentía sus intestinos expandirse como si estuvieran inflando un globo dentro de ellos.
Recordó a Helga y por primera vez sintió miedo, si el proceso que estaban aplicando en él se lo estaban aplicando a su esposa, su condición física no lo resistiría, entonces decidió tratar de hablar o gritar, hizo un esfuerzo y se sorprendió al escuchar lo intenso de su grito: ¡Helgaaa! …
Helga no lo podía escuchar, no había resistido siquiera la inmovilización por parte de tales seres extraños, su corazón falló y fue depositada en una especie de procesador de proteínas… ya era un compuesto almacenado en un lugar de la nave.
-¡Tienen que ser humanos!…grito Marcial…y ya no pudo, uno de los seres le llenó la boca de un gel espeso que aún cuando no le impedía respirar le inmovilizaba las mandíbulas…mientras tanto recordaba al profesor Lasarte de filosofía cuando decía:
“La condición humana es un término que abarca la totalidad de la experiencia de ser humanos y de vivir vidas humanas. Como entidades mortales, hay una serie de acontecimientos biológicamente determinados que son comunes a la mayoría de las vidas humanas, y la manera en que reaccionan los seres humanos o hacen frente a estos acontecimientos constituye la condición humana. Filosóficamente, una parte importante de la condición humana está intentando determinar simplemente qué es la condición humana. Martín Heidegger, Jean-Paúl Sartre y José Ortega y Gasset han hablado de ella. El término se utiliza a veces en literatura para describir la alegría y el terror de ser y de la existencia.
Marcial Rossi, ya no luchaba por salir de esa situación, había sido trasladado a un recinto o cubículo parecido a un canil metálico estrecho y apenas alto para que pueda permanecer sentado, él mismo había tenido en mejores condiciones a sus animales de laboratorio, allí estaría hasta su muerte pero el no lo sabía, contaba con la posibilidad que quienes lo habían secuestrado tuvieran algo de humanos y en algún momento pudiera hablar con ellos estaba seguro que ignoraban que era un científico como ellos y posiblemente sus avances en el estudio de la conducta humana les interesarían
-Si si… decía marcial - Ya se van a dar cuenta que soy como ellos un ser inteligente quizás con su misma naturaleza, solo tengo que comunicarme…
Marcial Rossi no recordaba ni quería hacerlo la clase del profesor Lasarte sobre Sartre:
“Sartre considera que no existe la naturaleza humana. Esto quiere decir que en nosotros no encontramos unos rasgos fijos que determinen el ámbito de posi¬bles comportamientos o el de posibles características que podamos tener. Para muchos autores esta afirmación es exagerada: por poner dos ejemplos muy distintos, desde las teorías religiosas se defiende que el hombre, todo hombre, tiene un alma y que ésta es precisamente su naturaleza; desde las teorías naturalistas como la de la biología se indica que nuestra constitución genética y biológica se realiza en lo fundamental del mismo modo en todos los hombres de todos los lugares y de todas las épocas. Sartre rechaza la existencia de una naturaleza espiritual o física que pueda determinar nuestro ser, nuestro destino, nuestra conducta. Para él el hombre en su origen es algo indeterminado, y sólo nuestras elecciones y acciones forman el perfil de nuestra personalidad. Pero con estas afirmaciones Sartre se enfrenta a un problema: si no existe una naturaleza común a todos los hombres, ¿por qué llamamos hombres a todos los hombres?, ¿en qué nos fijamos para reconocer en el otro a un semejante? Seguramente preocupado por estas dificultades en “El existencialismo es un humanismo” introduce el concepto de “condición humana” (que para algunos intérpretes viene a ser un remedo de la noción de esencia o naturaleza): la condición humana, nos dice, es “el conjunto de los límites a priori que bosquejan su situación fundamental en el universo”. Estos límites son comunes a todos los hombres; es el marco general en el que invariablemente se desenvuelve la vida humana. Resume este marco básico de la vida humana en los puntos siguientes: estar arrojado en el mundo; tener que trabajar; vivir en medio de los demás; ser mortal.
Todo individuo, toda sociedad, se ha tenido que enfrentar a estos hechos inevitables y ha resuelto de distintos modos los problemas vitales a los que conducen. Con estos cuatro puntos Sartre se refiere a la inevitable sociabilidad humana, a la inevitable libertad en la que vive el hombre y a la inevitable indigencia material de nuestra existencia, indigencia que obliga al trabajo y a las distintas formas de organización social que sobre el trabajo se levantan. La existencia de la “condición humana” es lo que puede hacernos comprensibles los distintos momentos históricos y las vidas particulares; aunque los proyectos humanos sean distintos no nos son extraños porque todos son formas de enfrentarse a estos límites. En este sentido todo proyecto, por muy individual que parezca, tiene un valor universal: “hay universalidad en todo proyecto en el sentido de que todo proyecto es comprensible para todo hombre”.
LA ESQUINA DEL FENÓMENO JÜRGENSON-RAUDIVE (cuento) (1)
El hombre sabía, seguramente no había leído el "Sprenchfunk mit Werstorhenen", y posiblemente ni supiera de su existencia, pero al ojo entrenado del chofer de taxi estacionado en la esquina no pasaban desapercibidos, pequeños gestos, ínfimos, imperceptibles casi, que aparecían como un reflejo apenas en el rostro del hombre sentado en el banco del refugio de la parada de ómnibus, esos mínimos gestos le daban la pauta, al menos cuando lo miraba atentamente, que el extraño sentado allí, sabía igual que él.
También sabía la mujer parada en el zaguán del edificio de oficinas a unos veinte metros de la parada de taxi, y sin embargo insistía en fumar displicentemente mirando hacia el piso, tratando de parecer distraída, esperando mientras tanto la invitación desde algún automóvil para tratar las condiciones de su venta callejera de algo parecido al amor, pero muchísimo mas breve y sencillo de entender.
Por supuesto, la mujer sabía desde mucho antes que ellos la verdad de esa esquina, pero no hablaba nunca de eso, creía que no hablar de la realidad espantosa que conocía muy bien, la exorcizaba.
El reloj del edificio de aduanas a unas dos cuadras, estaba por señalar con un clic seco y sonoro en la madrugada cargada de neblina, que eran las dos, y después del clic, como cada noche desde hacía un año, una sucesión de extrañas cosas pasarían en esa esquina, como habían sucedido el 12 de junio de 1959, en un pequeño bosque de Alemania cuando el documentalista cinematográfico Friedrich Jürgenson, usando el fonógrafo de Marconi para grabar sonidos de pájaros, sin quererlo, abrió una puerta que debió permanecer cerrada siempre, por esta terrible casualidad, recibiría el 28 de Agosto de 1972 del Papa Pablo VI la "Gran Cruz de Comendador de San Gregorio Magno" .
Sonó el clic, el hombre de la parada de colectivos miró el reloj en su muñeca izquierda, el taxista bajó la vista al tablero del taxi hacia el reloj digital, y la mujer sin necesidad de confirmar la hora, pues sabía que debían ser las dos exactas, apagó el cigarrillo pisándolo en la vereda, se subió el cuello de su tapado de paño azul como si sintiera mas frío que el que en realidad sentía, y disimuladamente se tapó los oídos con las manos retrocediendo todo lo que pudo en el zaguán hacia la oscuridad, para no ver… por si alguna noche algo mas que sonidos surgieran de la niebla.
El sonido de una frenada que parecía interminable se escuchó en la esquina, siguió el ruido inconfundible de un cuerpo atropellado por un auto, y finalmente lo peor de todo, el grito desgarrador de una mujer que se escuchaba joven, seguido de quejidos y llantos durante exactamente dos minutos que espantaron a las tres personas allí presentes… después el silencio.
La experiencia era completamente distinta a la que vivieron el parapsicólogo Konstantin Raudíve y Jürgenson, ellos lo quisieron, ellos lo buscaron, y por sobre todas las cosas solo escucharon después y en condiciones de laboratorio el resultado de sus grabaciones.
El taxista había estado mucho tiempo en la biblioteca leyendo sobre estos dos alemanes y una frase de las crónicas de la Universidad de Friburgo escritas por el catedrático y parapsicólogo Hans Bender había quedado grabada para siempre en su mente:
…Jürgenson lo hizo concentrado en su madre, y Raudive con una antigua secretaria suya que había muerto recientemente, aquel mismo día, después de varias tentativas infructuosas, lograron el ansiado resultado, Konstantin identificó la voz en el fonógrafo como la de su secretaria que le decía: "¿me reconoces soy Margarita, Konstantin?" por su parte Jürgenson percibió otra más potente y clara que pronunciaba una breve pero estremecedora frase: "Nosotros estamos muy lejos..." (2)
A las dos y cinco con una extraña y diaria puntualidad llegó el colectivo, el hombre le hizo la seña habitual para que pare, lo abordó y antes que pueda sujetarse debidamente, ya estaba en marcha, mientras tanto, del edificio de aduanas salía un turno del personal de maestranza, y como cada noche algún empleado subía al taxi que partía manejado por un chofer que iba a intentar hablar de algo que lo distrajera.
La mujer encontraba más tarde o más temprano un cliente, el último de la noche, al que ella daba sus favores sin cobrar, a cambio solamente que la abrace hasta el amanecer.
El hombre acurrucado en un asiento del colectivo pensaba como todas las noches que el taxista y la prostituta tenían que escuchar, como escuchaba cada noche, lo que escuchaba, la prostituta abrazada a su cliente lo dejaba hacer y pensaba que no estaba loca que lo que escuchaba era en algún punto real, el taxista miraba al pasajero de esa noche y encendiendo la radio ensayaba como siempre su intento de hablar de cualquier cosa…
-¡Que nochecita eh!... parece que hubo un accidente cerca ¿usted no escucho nada? y como siempre un pasajero con pocas ganas de dialogar le contestaba:
-No, nada,..en esta esquina son raros los accidentes, el último fue hace como un año…
-..Si claro, decía el taxista, y ya no hablaba más, por que en su cabeza empezaban a resonar las frases leídas en la biblioteca Nacional hacía ya un tiempo “Nosotros estamos muy lejos...”. “Nosotros estamos muy lejos...”
(1 ,2) basado en un articulo de José de Zor García Martínez
SOCIEDAD HISPANO AMERICANA DE PSICOLOGIA APLICADA
MAS SOLO QUE ROGELIO SIN MENISCOS
Rogelio Iribarne era un tipo habilidoso, dicho esto en varios sentidos, por lo pronto, vivía prácticamente sin trabajar, con lo cual estaba para ser nominado para el Nóbel a la habilidad, si se premiara con el codiciado galardón esta materia.
Rogelio hacía trabajos livianos, cualquier cosa sencilla que los amigos le encargaban y justo es decir, que amigos tenía muchos, en realidad eran simpatizantes, ya que otra de las habilidades de Rogelio era el futbol.
En el ya desaparecido club de la categoría C “Deportivo Tolosano”, supo hacer gala de goleador honrando la camiseta numero diez, y podría haber llevado al club a lograr el ascenso de categoría allá por el año 1962 mas o menos, si no hubiera pasado aquella desgracia en pleno partido.
El cañonero tolosano como lo había bautizado el encargado de deportes del diario El Plata, había desarrollado una rutina que le permitía ganarse la vida.
De lunes a jueves, salía a eso de las nueve de la mañana a la vereda de la casa que alquilaba en el callejón de la calle ll9, se sentaba en un tronco que tenía a esos efectos al pie de un sauce, y una vez acomodada la pava de aluminio y el mate de calabaza, con mas ceremonia que prisa comenzaba a desayunar, a veces con bizcochitos de grasa regalados por el almacenero de la calle 118, a veces fumando los espantosos cigarrillos negros “particulares 30” regalados por el quiosquero de la calle 530.
Generalmente no se llegaba a terminar el agua en la pava que ya algún conocido le había ofrecido hacer una “changuita facilonga” según su propios dichos, se lo ofrecían siempre a titulo de ayudante por supuesto, ayudame a cortar el pasto del fondo, ayudame a blanquear la galería para el cumpleaños de tal o el casamiento de cual, eran propuestas que mañana a mañana adornaban sus desayunos, salvo que lloviera, en cuyo caso y por ser jornada no laborable ni salía a la vereda, el frío o el calor no importaban por que en definitiva era un deportista así que en rompevientos bufanda y pantalón de trabajo o camiseta musculosa y pantalón de futbol el mate era una costumbre arraigada y claro una necesidad, ese tronco al pie de ese sauce sería lo que hoy llamaríamos una oficina donde el crac recibía ofertas laborales que aceptaba realizar gustosamente, las tareas eran por si mismas livianas y en realidad podían ser realizadas por los ofertantes sin ayuda alguna , pero eran mas que nada una excusa para tirarle unos mangos al goleador orgullo de todos, sin que tenga que laburar en nada pesado ni ofender su dignidad, por que como decía el bufetero del Club social y deportivo Tolosano, “A Rogelio había que cuidarlo por que estaba destinado al éxito personal y deportivo” por eso el mismo sordo Marchessi en persona , que era el bufetero en cuestión, le cocinaba y le servía el almuerzo, la cena, y algún sanguche de mortadela o matambre a la tardecita siempre acompañado con poco pero suficiente vino tinto, todo a cuenta de los socios claro.
Esa habilidad de sentarse a esperar ofertas convenientes, era famosa entre los jóvenes tolosanos de la época, que siempre irreverentes habían acuñado una frase que trascendió las generaciones subsiguientes para ser aplicada en los casos en que se estuviera a la búsqueda de trabajo fácil, para salir del paso, sin asumir pesados compromisos como los de levantarse de madrugada, o cargar bolsas al hombro, este estadio de dedicación laboral era conocido entre los jóvenes tolosanos como “Sentarse en el sauce”, era común escuchar en el barrio entonces, y aún hoy, ante la pregunta: -¿..En que andás? la contestación -¿...estoy sentado en el sauce...? es decir, buscando una changa como lo sabía hacer Rogelio Iribarne.
También algunos padres y madres quejumbrosos de la poca voluntad laboral de sus hijos con el tiempo usaron una variante de esta frase para explicar que el o los hijos o hijas no estaban poniendo mucha voluntad en trabajar, circunstancia esta que con el advenimiento del movimiento hippie de los sesenta se había hecho bastante habitual, así se escuchaba decir a las madres en los almacenes de barrio, o a los padres en sus trabajos, que tal o cual hijo “estaba sentado/a en el sauce de Rogelio” es decir esperando que le ofrezcan algún trabajo fácil y sin ánimo de buscar nada serio.
Rogelio Iribarne, era soltero aunque se comentaba que varias minas del barrio eran sus frecuentes acompañantes nocturnas, incluso la esposa del almacenero y la hija del quiosquero, aunque estas versiones de la vida privada del muchacho nunca pudieron ser confirmadas por lo que muchos dicen hoy día, que eran habladurías de viejas chismosas.
De edad indefinida reservado para todo, podía andar por los 30 o los 40, como buen morocho a simple vista no acusaba la edad, bastante morrudo y jovial estaba pasando sin duda por la mejor etapa de su vida, etapa que había comenzado cuando llego a Tolosa de su Jujuy natal para hacer la colimba en La Plata y se quedó nomás, alquiló la casita del callejón con un contrato treintañal que al poco tiempo lo obligaba al pago de un alquiler irrisorio que además le era pagado por el club desde que empezó a jugar, es decir, inmediatamente a su arribo a la ciudad.
Cuentan que fue el sardo Saravia que lo había llevado una noche al club y lo había presentado como el mejor jugador del regimiento, ya que les había hecho ganar el campeonato interfuerzas goleando al equipo de la marina, el sordo Marchessi le propuso ir a probarse el viernes siguiente a la cancha y ahí nomás se gano el puesto, claro era suplente hasta que termino la colimba, ya que cuando le tocaba guardia, a veces, el sardo Saravia no podía darle franco, pero cuando salió en la primera baja premiado por sus habilidades deportivas, quedó en el club de titular indiscutido.
Quienes lo vieron jugar dicen que en realidad la verdadera habilidad de Rogelio Iribarne era estar en el área en el momento y lugar oportuno, “Pateaba como un burro y cabeceaba como un caballo” decía al recordarlo Marchessi en noches de truco y caña; -Lástima que no entendía el juego…finalizaba la charla casi siempre Carozo el pintor, mas joven que el resto de los socios pero que aún siendo muy pibe era aceptado por los mayores, el único que entendía la ironía de Carozo era el Fanfa Pascuzzi, socio del club pero poco habitué ya que su trabajo en Y.P.F no le daba mucho margen de tiempo para la recreación, y además cuando visitaba el club solía salir borracho como una cuba por lo cual cada visita al glorioso Tolosano terminaba para el Fanfa en la comisaría 6ta del barrio, ya que la mujer era poco tolerable con los borrachos según los propios dichos de éste un día que declaró ante el principal Romano mientras sostenía una bolsa de hielo en la cabeza, golpeada por un sifón hábilmente arrojado por la Señora.
Los viernes de Rogelio Iribarne eran de riguroso entrenamiento para estar en condiciones el sábado a la tarde cuando se disputaban los partidos, y claro los domingos eran para descansar tirado en la catrera escuchando los partidos de “primera A” por la radio.
Cada viernes el sordo Marchessi personalmente le acomodaba una mesa en la trastienda del bufete para que nadie lo desconcentre, y con el sardo Saravia le daban charlas de tácticas futboleras que Rogelio escuchaba con atención mientras picaba algo, un salamín de Tandil era saboreado mientras Marchesi le explicaba como entrar al área pegado a la línea y cortarse solo después del pase, esperando la devolución del balón, una milanesa de ternera cortadita, era convenientemente degustada mientas el sardo Saravia con aire marcial y sin tutearlo, le marcaba con migas de pan en la mesa la ubicación para el cabeceo fulminante en los centros. Estas charlas tácticas al mediodía, completaban el entrenamiento del rengo Sosa ex jugador de la tercera de Gimnasia, que como única técnica, los hacia correr un rato y luego jugar un picadito liviano, confiado en la habilidad de cada jugador y por supuesto en lo que él llamaba la “Mística de lo sábados a la tarde”.
Esta frase del rengo Sosa tan buena como cualquier otra, explicaba lo que sucedía los sábados a eso de las tres de la tarde en Tolosa, cualquier persona que estuviera a esa hora un sábado por cualquier calle de Tolosa, vería como de cada casa salían los varones de ente 10 y 60 o mas años algunos portando banderas con los colores Tolosanos y en una procesión alegre y vivaz convergían por distintas calles en la esquina de 120 y 530 para tomar un diagonal de tierra de dos cuadras, pasando por el almacén del tano Moscagata donde algunos hacían un alto para proveerse de algo para picar y tomar durante el partido, finalmente ya encolumnados por la calle 122 la caminaban hasta la altura de la 526 mas o menos ya que allí ya no había calles sino un camino mas o menos recto que finalizaba en la cancha de Tolosanos.
La cancha alambrada en su totalidad para contener los ánimos exaltados tenía dos tribunas de cinco tablones detrás de cada arco uno orientado al noroeste y otro al sudeste, el camino delimitaba junto con el terraplén del ferrocarril Roca vía Río Santiago el lado suroeste y noroeste y la laguna del aeroclub tolosano delimitaba el lado restante era en realidad un predio bastante irregular geográficamente hablando, pero casi todos los hombres de Tolosa se juntaban allí sábado por medio para alentar a los locales conformando una sólida y compacta masa humana alrededor de la cancha.
Los sábados que tocaba jugar de visitante no variaban mucho las cosas ya que los hombres se encolumnaban hasta las calles 120 y 530 donde los que tenían algún medio de movilidad cargaban a los que podían, según donde le tocara jugar a Tolosanos, en esa esquina, justo detrás del otro club del barrio; el San Martín que se destacaba en básquet y no tenía equipo de futbol, se podía tomar el micro 7, o a una cuadra de allí el 20 o el 79, en cambio, si el partido era en Berisso o Ensenada se podía optar por el tranvía 11 o el 25.-
Justamente en uno de esos embarques se hizo celebre otra frase que pronto los jóvenes Tolosanos hicieron popular ,cuentan que un día en que el nene Calistro había ido a la esquina de reunión, con una camioneta sacada del taller, varios muchachos se le subieron a la caja trasera, ya que la cabina estaba reservada para Rogelio y el sordo Marchessi, por su lado el Sardo Saravia estaba por su cuenta con otros jugadores y el rengo Sosa en un jeep del cuartel.
Tres personas iban cómodas en la Ford, Subido Rogelio y hallándose el nene Calistro al volante, Carozo, joven en aquel entonces pretendió subir al lado de Rogelio cuando el sordo Marchessi tomándolo de los pelos, que ya usaba largos al estilo Beatles, lo saco de la camioneta al grito de - “ Sorongo te vas a subir pibe”.
De allí en mas primero por la difusión que le dio al evento el propio Carozo y después por reiteración constante de la historia en boca de cada integrante de la barra del Club San Martín, cada vez que alguien quería poner en claro que algo no iba a suceder o que no estaba de acuerdo en que suceda se espetaba “Sorongo dijo Marchessi” quedando esta expresión hasta el día de hoy como de uso habitual en la conversación coloquial Tolosana.
La desgracia ocurrió un sábado a la tarde del mes de noviembre allá por el 62
Carozo que ya no es joven, era la única persona que se animaba a contar los eventos de esa tarde cada vez que alguien sacaba el tema y hay quien jura que los esfuerzos de Carozo por ayudar a recomponer el espíritu Tolosano que había sabido generar Rogelio le quitaron bastante de la cordura que le quedaba por el consumo indiscriminado de caña.
Hace mucho tiempo que no se lo ve a Carozo el pintor por el Club, será que ningún socio actual lo trata con el respeto que se merece un vitalicio, pero aunque fragmentada y de segunda o tercera mano la historia merece ser contada.
Rogelio se había entrenado como siempre, al mediodía con las clases tácticas del sordo y de su mentor Saravia entre salamines, milanesas, y vino tinto, el picadito de la tarde con el rengo, había terminado con una ronda de mortadela en la vereda de tano Moscagata, y el mismo tano convido dos cervezas para los muchachos, es decir el rengo y el goleador Rogelio Iribarne.
Según dicen que contó Carozo una noche de copas, ese fatídico viernes por la tardecita, Rogelio habría tenido un encuentro íntimo con una mujer hasta ya avanzada la mañana del sábado, nunca se confirmo nada sobre la identidad de la dama en cuestión, se decía que esta mujer tenía por costumbre beber mucho licor “8 hermanos”, y de allí puede haber surgido la versión que esta amiga del jugador de futbol sería una de las “chimangas” así llamadas por ser las hermanas de unos fieros y violentísimos muchachos del barrio bajo de Tolosa denominado El Churrasco.
La joven podría ser Lidia o Manuela ya que ambas solían comprar con bastante frecuencia el licor referido en un almacén frente al mercado, pero nunca pudo ser confirmada la identidad de la joven.
A titulo de información sobre algunas particularidades de “los chimangos” bastará con mencionar que los muchachos de la barra del club San Martín solían decir que tal o cual persona era “Mas borracho que un chimango”, pero esta frase no trascendió la barriada Tolosana, ya que el foráneo que la oía, pensaba que el referido chimango presuntamente borracho era el ave rapaz oscura y fea así llamada, y encontraba por ello la frase incongruente, pero para los tolosanos por supuesto, tenía sentido.
De cualquier manera según la desprolija crónica barrial, a Rogelio en el momento del partido lo tendríamos cansado muy comido y muy bebido, para colmo dicen que el plantel fue agasajado el mismo sábado, por el sordo Marchessi, con tallarines caseros al tuco y vino de la costa, en una suerte de festejo anticipado, ya que daban por seguro que esa tarde Tolosano ganaría por goleada a Everton como siempre lo hacía, logrando además su derecho al ascenso.
Como se sabe hoy, nada de eso sucedió. Sobre el desarrollo del partido en los minutos previos al evento, coinciden todas las versiónes en asegurar que Tolosano, tenía a Everton prácticamente ocupado en una feroz defensa, incluso contaban con un 2 bestial, algunos dicen que se llamaba Moreno otros que su nombre era Arocena, lo cierto es que en una gambeta Rogelio quedo frente a frente con él, también cuentan que Rogelio estaba raro, que miraba sin ver, que estaba emocionado, o simplemente borracho, por eso será que se mando por el único lado que no tenía que entrar al área, y Moreno o Arocena lo plancho a la altura de la rodilla derecha brutalmente.
Para no abundar en detalles morbosos, en ese instante Rogelio Iribarne perdió los meniscos de la rodilla derecha, y con ellos su habilidad de jugador, persistiendo en él, aún dado de alta, una terrible renguera.
De allí en mas la debacle para Rogelio solo pudo compararse con la perdida irreparable del espíritu Tolosano, al principio Rogelio salía a la vereda a ejecutar el ritual del mate, pero los ex simpatizantes consientes de su irreparable dolencia, dolidos por la pérdida del campeonato, y enojados por la irresponsabilidad de la dirigencia, así como del propio Rogelio, no pasaban ni por casualidad por el callejón y mucho menos nadie le ofrecía trabajo, según dicen solo Carozo lo llevo un día de peón, a pintar una obra, pero al no poder subir escaleras o caminar por los andamios sin caerse, dejó de ir al día siguiente, así finalmente intimado para que deje la vivienda que ya no podía pagar y el club no quería seguir pagando, simplemente se fue, y nadie lo volvió a ver nunca mas.
Los jóvenes de la barra del Club San Martín acuñaron entonces una frase popular bastante conocida por lo menos en otras versiones, “Mas solo que Rogelio sin meniscos”.
EL DÍA QUE EL PELADO ALONSI COBRÓ EN EL CULO DEL MUNDO
Hacía poco que nos habíamos mudado a Gambier, por que después de la muerte de mi abuela el alquiler de la casa de Tolosa “se fue a las nubes” según decía mi viejo, así que alquilaron una casa mas barata un poco alejada, en Gambier, “bien por el culo del mundo”, según decía mi vieja, que se notaba que no quería irse del barrio natal y recurría a esas metáforas anatómicas bastante seguido, en realidad cada vez que le preguntaban…
¿Y…Dori? donde van…
“-Al culo del mundo…” decía ella sin dar demasiadas explicaciones.
En realidad y para el lector desprevenido, que no conoce la ciudad de La Plata, los barrios de Tolosa y Gambier quedan casi en las antípodas geográficas, Tolosa en el extremo Norte y Gambier en el Sur de la ciudad, claro que en el colectivo 7, es media hora de viaje o veinte minutos según que ramal tomés, pero para mi vieja que se murió sin conocer Mar del Plata, Gambier era el culo del mundo.
La cosa que nos mudamos, (no iba a ser por mucho tiempo) en esa época en Gambier minga de asfalto, minga de micros que pasaran por la puerta de tu casa, y dada la malaria reinante en esos momentos minga de comer asaditos los domingos, hubo un momento en que hasta el puchero que detestaba me parecía un manjar incomparable, eran épocas de huelgas de convulsiones políticas y sin embargo a mi viejo se le dió por cambiar de trabajo.
En Córdoba y Rosario se estaban cagando a tiros entre Policías, estudiantes y obreros, en lo que se llamo “el cordobazo” y “el Rosariazo” el presidente militar de entonces un tal Onganía había ordenado reprimir con armas de fuego a los manifestantes, había subversión, represión, en fin un requilombo que yo a mis catorce años no entendía muy bien.
El cambio de barrio, de colegio, de casa, de todo, me estaba trastornando un poco,…y encima a mi viejo se le dió por dejar el laburo, para conseguir algo mejor, justo en ese momento...
“Peor no lo podía haber hecho” decía mi mamá, por eso tardó como un año en conseguir un laburo mejor, y por supuesto pasado un año mas, nos volvimos a la casa de Tolosa, que aún compartida con unos tíos era mejor,
“-Acá nos cagamos de hambre pero en familia” decía mi papá con cierta ironía.-
Esos tiempos de habitar Gambier no fueron los mejores de mi vida (justo es decir a esta altura, tampoco los peores), hacía poco que nos habíamos instalado, y con unos pibes de la cuadra nos juntábamos en la esquina del club local “ el Cajón” , en la 133, se llamaba Talleres del Provincial o algo así, ( nada que ver con el Glorioso San Martín de Tolosa), allí mi viejo se las había ingeniado para demostrar sus habilidades en el juego de billar y en las bochas, lo cual hacia por dinero, no ganaba mucho pero algo era algo, sin abandonar otras viejas costumbres mas productivas como andar con varias señoras casadas que le daban plata, mi vieja sospechaba, pero le convenía creer que eran prestamos de los amigos o ganancias del billar o las bochas…(mi viejos eran jóvenes no llegaban a los treinticinco y la verdad se llevaban bastante para el carajo, muchos te dije, muchos me tenés podrido, muchos un día de estos me voy al carajo)... así que el que se iba al carajo a la tierna edad de trece años era yo, que vivía en la calle, y le dejaba a mis hermanas la tarea de mediar en ese desavenido matrimonio que se disolvió recién cuando mi vieja se murió a los 38 años, por suerte ya habíamos vuelto a Tolosa, hubiera sido terrible que mi vieja se muriera en un lugar que consideraba el culo del mundo.
El día que lo conocí al pelado Alonsi había salido de mi casa a la tardecita y me iba empilchadito para el club que quedaba a dos cuadras, era verano, febrero, yo había venido recién del trabajo, para esa época y a pesar de las recomendaciones por la negativa de mi mamá, y de mi papá, (yo era un campeón para hacerlos coincidir en algo) me iba a las cuatro de la mañana a la terminal de trenes de La Plata, y Capano el quinielero del barrio que además era puestero de diarios, me daba los diarios para que yo los vendiera en Los Hornos barrio populoso ubicado mas al este de Gambier (ahora que lo pienso,nunca le pregunté a mi vieja que era Los Hornos para ella ya que Gambier como culo del mundo quedaba mas cerca) pasé por la vereda de la casa quinta del médico del barrio y apoyados en un pino estaban los Bartolo, el Tano del quiosco, conocido fufarrón y maricón y el pelado Alonsi “el loco”, ya los había cruzado varias veces cuando andaba con los pibes de mi cuadra pero nunca habíamos hablado, nos saludábamos nomás…
“-A este no le des bola por que esta loquito;” decía Víctor,
“-Si a la madre se le cayó una plancha y él estaba jugando debajo de la mesa y casi lo mata, quedo loquito de chiquito” decía Jorgito el hijo del almacenero, y agregó
“-Pero nuca le digas eso por que se pone mal y en una de esas, te mata de un palazo”.
En realidad Jorgito el hijo del almacenero y Víctor no hubieran sobrevivido en Tolosa a la barra de Carozo del Club San Martín, de la cual yo era miembro honorario, pero por las dudas les hice caso hasta ese día.
Pasé solo, yo petisito arregladito seguramente con pinta de boludito, los miré, saludé cortésmente, correspondieron mi saludo y seguí caminando hacia el club en el cual el flaco Lito, una especie de Disk Jockey barrial de la época, había arrancado con tangos de Julio Sosa mechados con baladas de los Iracundos y por supuesto canciones del palo Ortega que no podían faltar en un barrio decente.
Así que mientras escuchaba a Julio Sosa cantar “Yo anduve siempre en amores ..que me van a hablar de amor ..” y me acordaba de la minita mas linda del cole que recientemente había conquistado, esa que con 13 años era linda como una flor y bastante avivadita.., pasé por delante de los jodidos del barrio con un simple saludo, no recibí ni una puteadita, que fácil pensé ( juro que en relación con mi paso por frente a los malandras del barrio, no en relacion con mi paso por el zaguán de la casa de la Florcita).
Ya relajadito solté la navaja que llevaba en el bolsillo y que le había afanado a mi tía la peluquera hacía un mes cuando me enteré que nos mudábamos al culo del mundo.
Había caminado unos treinta metros cuando sentí el golpe (leve debo decir) de un naranjazo en la cabeza…que luego de atinarme, se deshizo en varios pedazos y cayó en el medio de la calle…asocié esa naranja que me golpeaba con la que el Pelado Alonsi estaba chupando cuando pasé, giré hacia donde estaban estos muchachos y si, ya no la estaba chupando…treinta metros largos de distancia y el muy hijo de puta me acertó en la cabeza, si no fuera yo el blanco era para felicitarlo….
No lo pensé dos veces y me despaché:
“-Pelado y la concha de tu madre la gorda esa de mierda que te pegó con la plancha y te dejo loquito…puto de mierda” …Sin duda había cometido una infidencia y una imprudencia, por que el Pelado se paró de un salto y al grito de :
“-Te voy a matar guacho…no me cargues guacho...te mato guacho”…corría en mi dirección.
Ante la evidente agilidad del Loco Alonsi y dado que mi incontinencia verbal ya no tenía solución corrí hacia el cobijo del club donde estaban los amigos de la canchita de futbol, y en última instancia mi viejo, entré corriendo al Club y en el patio me paré en seco junto al metegol, ahí estaban Totón el mecánico, el Indio y Jorge ambos hermanos hijos del bufetero, todos mecánicos, todos de la edad del Pelado, andarían por los dieciséis, pero todos piolas.
El pelado entró corriendo y se me vino encima, yo ya estaba integrando pareja de metegol con el Indio contra Jorge y Totón quien me había invitado a jugar ni bien me vió, con un parco.. “Juga nene..yo pago” mientras tarareaba “con el saco sobre el hombro” de los Iracundos.
Como dije el Pelado entró como buen loco que era, y llegó al metegol, mis tres compañeros (gracias a Dios) lo miraron, no lo querían para nada…el loco me miró y gritando me amenazó con cagarme a palos cuando saliera, dicho lo cual dió media vuelta y salió del club donde no era muy bienvenido, los viejos no lo querían por que según su sabio entender era el chorro del barrio junto con los Bartolos.
Solo después de quince partidos varias bidúcolas y hasta un cigarrillo compartido y escondido en el hueco de la manota mecánica de Totón (los tres me consideraban un pendejo piola y me dejaban fumar con ellos) éste me preguntó con su voz ronca…
¿-Andas cargando al loco, boludito?..(Eso si todos me trataban de boludito por lo chiquito y por que tenía la costumbre de hacer cosas como esas, es decir insultar al loco del barrio, pero esta vez en su cara) Jorge se empezó a reír y el Indio que como habíamos ganado al metegol se sentía obligado a bancarme acotó:
“- A ese pelado lo voy a recagar a palos”
….si si si dijo Totón pero el petiso anda solo todo el día, o te lo vas a llevar a tu casa… sabés que el Pelado esta loco de verdad, lo va a matar…
“-Si no lo mato yo antes”… pensé mientras palpaba la navaja en el bolsillo, que mis tres protectores y amigos ignoraban que tenía, de saberlo no me hubieran dado bola.
(Era curioso como mientras que en Tolosa por más guapo y boxeador que seas, la vecindad con el Churrasco hacía que fuera conveniente portar algo con que defenderte de mas de un contrincante, en Gambier bastaba una buena trompada parecía que no tenían problemas vecinales)
Al fin salimos a la vereda para fumar mas tranquilos ,(por que no sabías en que momento aparecía un viejo y te daba una patada en el culo, que era la terapia antitabaco de la época), Lito ya había anunciado por altoparlante los bailes y quermeses del Club que empezaban esa semana, y arrancó con “tu tienes una carita deliciosa y tienes una figura celestial del palo Ortega”
…el Pelado poco sensible a la música, agazapado entre las sombras se me apareció de frente justo cuando me había apoyado en el mástil de la vereda del club, y me agarro del cogote:
“- Cargame ahora guacho” ( limitado el vocabulario ) zafé de la mano que me acogotaba con una hábil agachada ayudado por mi petisura, giré y evalúe cortarlo todo al loco ese de mierda…ágil y con esa mano callosa de peón de albañil me agarró de la camisa, tironee y se quedó con el bolsillo y varios botones en la mano (Yo ya estaba caliente me había roto la única camisa …) metí la mano en el bolsillo dispuesto a hacer filete de Loco, pero Totón intervino justo,… se metió en el medio, me dió la espalda, le apoyo la mano grosa de mecánico en el pecho al Loco Alonsi y aunque mas flaco, un poco mas bajo, ronco, pero mas decidido le avisó…
“O te dejas de joder con el petiso o te cago a palos yo, y te saco la locura de por vida…”
El Loco Alonsi o el pelado (como le decimos todos por que, una vez por semana los milicos de la taqueria barrial se lo llevaban preso aunque sea por las dudas, lo cagaban a palos, y de paso le pasaban la cero, y salía peladito y moradito hecho una seda por lo menos por dos días,)…no lo podía creer, Totón un tipo piola que no se metía con nadie lo había desafiado, nada mas que por defender al boludito ese nuevo,
“-No te metas la concha de tu madre a vos que te importa”…Totón que era de esos tipos que no se bancan un insultito le acomodo un piñon en la trompa, el loco reculó, trastabillo, intentó ponerse en guardia, pero Totón le puso otra piña, esta vez en la frente que lo sentó de culo al loco Alonsi en la vereda de ladrillos del Club…
Lito mientras tanto estaba enloquecido con palito Ortega así que había arrancado con “como se siente ho ho hooooo como se siente ho ho ho hooo como se sienteeee el latir de tu corazon… o… on.” ( desde ese momento en el club cambiamos la letra del éxito del palo Ortega por “Como se siente, como se siente, como se siente, el piñazo de Totón” )
Lo que paso después me impresionó tanto que nunca lo olvidé, el pelado sentado y con sangre en la cara lloraba, lloraba y lloraba mientras murmuraba…ya vas a ver guacho, ya vas a ver…
…allí acabó la carrera de loco malo del barrio, del pelado Alonsi, que probablemente se inició con un accidente familiar, cuando la mamá gordita dejó caer la plancha en la cabecita del por ese entonces, peladito Alonsi, dejándolo loco para siempre…
Totón, Jorge el Indio Lito, Jorge ,Victor, Jorgito el hijo del almacenero y todos seguimos viviendo mas o menos bien a veces, mas o menos mal otras, a uno le fue mejor a otro peor, pero al Pelado nunca mas se lo vio por el barrio, se iba a otros barrios, donde de vez en cuando lo veían acompañado de algún marica o algún malandra, o nos enterábamos que estaba preso por algo groso.
Termino sus días tirado, borracho en las plazas céntricas y durmiendo en las comisarías…algunos decían que siempre murmuraba… “-no me cargues guacho no me cargues”… mirando a un acompañante imaginario…
Yo después que le puse un par de tortazos al mas grande de los Bartolo, (que tenia mi edad) me terminé de ganar el respeto de los muchachos del Club, no fue necesario que usara mas la navaja, y cuando volví a mi barrio en Tolosa, de vez en cuando me daba una vueltita por Gambier, a jugar al metegol, donde el Pelado Alonsi dejó de ser el loco malo en manos de Toton el mecánico, en el club el Cajón, allí en la 133 y 50, …por el culo del mundo .-
LA NOCHE QUE MATARON AL ZORRO Y YO PERDÍ EL CARUSITA
Era otoño, seguro que era otoño, por que el carusita se me cayó entre las hojas que tapaban la vereda de mi casa, y era en otoño cuando del fresno caían tantas hojas que no veías los ladrillos que pisabas… ahora, no me preguntes que día ni que mes, sería abril o mayo que se yo, eso si ; no hacía frió, estaba fresco si, pero frío lo que se dice frío no; me acuerdo clarito de eso, por que yo andaba en pulóver nomás… digo, sin campera, mirá que en Tolosa cuando hacía frío, no te alcanzaban las pilchas, pero ese día no, yo andaba en camisita y un pulóver livianito, no preguntes el color ..que se yo clarito creo, la cosa que llegué de laburar… (en esa época trabajaba en una veterinaria en el barrio El Dique, el barrio de los stud ,ahí cerquita del hipódromo)…salía a las ocho, así que a las ocho y media a mas tardar estaba en casa, y después de tomar unos mates, con la vieja, si no estaba muy cansado, me iba al club, al San Martín ahí en la calle 531 y 119… claro ahora ya no existe el club, ahí hay una estación de servicio enorme...antes… digo, en esa época había dos estaciones en la zona, una en la terminal del micro 7 en la rotonda y otra ahí nomás frente al club, en diagonal a la pared de la cancha de bochas ...la Isaura, esa era la marca,…ahora ya no existe, pero la estación esta ahí, chiquita enfrente del monstruo que ocupa la manzana que antes ocupó el club, si supieran la historia de esa estación… bueno si …la voy a contar…
Como dije no estaba cansado así que me fui al club, pero la barra paraba en la esquina, no entrábamos por que adentro del club estaban los viejos chupando, y siempre se armaba la podrida.
Estábamos Carozo, el Negro Sombra, yo… ¿y quien mas? no se… Huguito mi cuñado no, seguro que no, por que mi hermana no lo largaba hasta la media noche, recién se habían metido de novios...bueno si había alguien mas no me acuerdo debe ser por que fue el primero en rajar no se...yo estaba sentado en el mármol de la ventana, eran esas ventanas antiguas y altas con postigones metálicos ¿te acordás? y Carozo andaba de acá para allá, iba hasta el cordón de la vereda y miraba para un lado y para otro como siempre, y hablaba y hacía chistes, siempre loco, el Negro Sombra estaba en el marco de la puerta mas bien metidito para adentro del pasillo, como siempre, no le gustaba hacerse ver mucho…
En una de esas, Carozo en pleno relato (por enésima ves esa semana) de cuando Sandro y los del fuego vinieron a cantar al Club y los viejos de mierda lo chiflaron tanto que se tuvo que ir por atrás saltando una pared… “decile ahora que venga a cantar...ni pasa por la puerta, con la guita que tiene…” estos viejos de mier…se interrumpió, pegó un giro sobre sus talones, y en dos pasos estaba al lado del Negro Sombra…Carozo puso esa expresión de sorpresa casi actoral exagerada que le era tan común y hablando despacio, como en secreto dijo
- Hay viene la cana…
No la veíamos desde donde estábamos por que el terreno de enfrente tenía un yuyal alto como una casa, pero tendríamos que ver la luz roja de la camioneta…y sin embargo no ...yo estaba por decirle a Carozo que se deje de joder cuando la camioneta azul y marroncita de la comisaría pegó la vuelta en la esquina, el Negro Sombra ya no estaba, se había metido adentro en el buffet con los viejos de mierda, yo no me quise tirar de la ventana por que iba a parecer que tenía algo que esconder y Carozo se puso de espaldas a la calle y me hablaba no se de que carajo inventado para simular…
La Policía no paró, siguió con las balizas apagadas y dobló por la calle 32 hasta la estación de servicio...esa chiquita que había antes…
-Tanto quilombo boludo ¿No ves? Vienen a cargar nafta..
El Negro Sombra había salido, asomándose, (seguro que los vio pasar espiando por las ventanas) y miraba para el lado de la estación de servicio como esperando una señal para salir corriendo…curiosamente la camioneta paró un instante y un tipo habló unas palabras con un milico de la camioneta y luego salieron, cruzaron hacia el montecito que estaba enfrente…(por que en esa época no estaba la parquización que hay ahora, era una franja de tierra con pinos entre los que estaba la canchita de futbol ¿te acordás?...) la camioneta paró entre los pinos, en la oscuridad, estacionada para el lado de la estación de servicio, vigilándola seguro…-
-Que raro… dijo Carozo…
-Es una capacha… dijo el Negro Sombra…yo lo miré al negro para ver si había estado chupando en el ratito que se metió adentro del buffet...
-¿Una que? le dije…
-Una capacha …
-¿Te parece? dijo Carozo que se notaba que entendía que carajo era una capacha, por que estaba bien que esos dos eran dos años mas grandes que yo pero nunca había oído esa palabra…así se los hice notar
-¿Que mierda es una capacha?...
-Están esperando a alguno para llevarlo en cana...me ilustró el Negro Sombra…(a esta altura me veo obligado a aclarar que sombra no era un apelativo a su negrura, sino a su condición reiterada de tanto en tanto, pues trabajaba para un quinelero clandestino…en esa época todos eran clandestinos y cada tanto lo ponían a la sombra es decir preso.) Por ello era palabra autorizada en ese momento…
No lo pensamos mas y nos rajamos, el Negro Sombra salió rapidito por la 531 para la 120 y Carozo y Yo que vivíamos en la 530 casa por medio, salimos juntitos por la 119, bien por el medio de la calle silbando…haciéndonos los boludos…para casita tempranito.
Estábamos por llegar a la 530 cuando vimos que del callejón cruzaba el Zorro, el mayor de “los chimangos” que en esa época eran los mas pesados del barrio “el churrasco” eran un montón entre hermanos primos cuñados hermanas, y primas que por supuesto eran conocidas como las chimangas, pero nadie se atrevía a llamarlas así por que te tenías que ir del barrio, o cagarte a trompadas con todos los chimangos viste…la cosa que el Zorro que venía a ser como el chimango mayor cruzó el callejón (la parte no asfaltada de la 119 en esa época) cruzo la 530 y por la vereda pasó derechito para el lado del club.
-Que hashes Carozo como andá? dijo arrastrando las eses.
-Hola Juan Carlos como andá, Dijo Carozo comiéndose la ese de “andás” seguramente para estar al tono, se notaba que se respetaban mutuamente, por que el Zorro no saludaba a nadie, y si le hablaba a alguien en la calle era la charla previa a una bronca, por algo era el jefe de la hinchada de Gimnasia por esa época…calculá que estoy hablando de hace treinta y siete años
Doblamos la esquina, y caminamos los treinta metros hasta mi casa en silencio, Carozo sacó el atado de L&M…
–Tenés fuego loco…(si antes me decían el loco) ...saque el carusita del bolsillo chiquito del vaquero, y otra vez Caroso se mandó esas paradas teatrales de ojos agrandados (me parece que imitaba a Sandro) me agarró del brazo me sacudió como si yo fuera un tarado…
-Loco…¿y si la cana esta esperando al Zorro?
-La puta que te parió Carozo me hiciste caer el carusita (…a esta altura te preguntarás que era el carusita…era un encendedor fabricado en la argentina creo, a benzina, infalible…redondito chatito una barbaridad…)
-Boludo no lo encuentro...( revolviendo hojas…)
Carozo salió corriendo para la esquina mientras me decía…
-Le voy a avisar al Zorro aguanta ahí..
No había llegado a la esquina cuando se empezaron a escuchar los tiros..Carozo se paró en seco y se asomó apenas por la ochava…yo dejé de buscar el carusita que nunca mas apareció.-
Por el diario nos enteramos que cuando el Zorro quiso afanar la estación de servicio los milicos le tiraron de una, sin avisar, ni voz de alto ni nada… corrió unos metros pero cayó frente a la puerta del club en la vereda del terreno de enfrente, ese que tiene unos pastizales altos como una casa…sé el lugar justo por que al otro día cuando pasé para el laburo a la mañana, vi la sangre…
Esa noche me enteré que era una capacha, y como funcionaba el tema de los enfrentamientos con la policía, hasta ese momento, había escuchado tiros en el cine nomás…y no son lo mismo ...¡Nada que ver!.
Era el año setenta y dos …antes de los años de la dictadura militar…exactamente cuatro años antes…esa noche, seguro que era en otoño, en Tolosa, mataron al Zorro el chimango mayor sin decir agua va, y yo perdí el carusita.-
LA CAMPAÑA DEL CONCEJAL FALACCI
Carozo el pintor, en épocas de elecciones tenía mucho trabajo, todos los partidos políticos se disputaban sus servicios para pintar paredes con sus consignas, ya que en esta rama de la publicidad institucional se destacaba tanto o más que en la pintura de obra, o lo que es mucho decir como letrista y vidrierista.
Una noche de copas en un antiguo bar que estaba sobre el diagonal 74 y el boulevard Jorge Luis Carozo, tal su nombre completo, contó la historia del Concejal Falacci, candidato eterno de un partido vecinalista.
Según Carozo, Falacci había accedido fácil a un banca de concejal en las elecciones de 1983, cuando aún no se había despertado la vocación política en muchos ciudadanos, pero años después, su banca en el Consejo Deliberante estaba en peligro por no haber manejado adecuadamente el difícil arte de tejer alianzas con los partidos mayoritarios, por otro lado, sin que quedaran ya muchos hombres dignos de respeto en su partido, había tenido que salir él mismo a conformar listas con gente nueva en su mayoría jóvenes.
Contaba Carozo que una tarde cuando estaba esperando a un “puntero” en una pizzería de la zona de tribunales, para cerrar el contrato por las pintadas murales de la campaña que se aproximaba, se había ubicado en un entrepiso construido en madera para poder hablar tranquilo, y tuvo la suerte que el tipo apareció temprano, como ese día el “político” andaba apurado, cerró el trato sin discutir mucho ni regatear precios como era costumbre, y se fue, esto le dejó a Carazo un margen de tiempo que le permitía tomar un refrigerio aprovechando el pago del primer adelanto por sus servicios.
Fue entonces cuando solo en el entrepiso, y cuando según estimaba serían las seis de la tarde, prestó atención a lo que hablaban en una mesa de planta baja ubicada justo bajo su mesa, miró entonces a través de un espejo de la pared ubicado por detrás de la barra y desde allí pudo ver a Falacci reunido con tres jóvenes.
Con tiempo, un largo vaso de “Gancia” con limón, y un generoso platito de maníes pelados, se dispuso a escuchar y ver al concejal en plena acción, quedó tan impresionado que siempre que tenía la oportunidad contaba palabra mas palabra menos esta historia.
Los jóvenes rondaban los 30 años, tenían pinta de oficinistas o empleados de banco, las corbatas flojas en sus cuellos desabrochados y los sacos colgados en los respaldos de las sillas en forma descuidada daban a los jóvenes aspecto de estudiantes de secundario vistiendo descontentos el uniforme de reglamento.
-Tenemos que rearmar el partido Todos por Tolosa… les decía Falacci, -Se nos esta llenando de “negritos”… continuó luego; para seguir explicando las razones políticas por las que en su momento se los incorporó al partido, y arengar luego que ya era hora de ir cambiando la gente, para que el partido Todos por Tolosa represente a la clase media ya en vías de extinción.
Cada gesto cada palabra del Concejal era dicha con calma y en voz baja y con una actitud cómplice que hacía que los muchachos se inclinaran sobre la mesa para escuchar mejor, cada tanto sorbía su café americano, mostrando en los puños de una impecable camisa blanca unos dorados gemelos con sus iniciales grabadas que hacían juego con una traba que sostenía la corbata de seda italiana.
Luego de algunos minutos de charla política bastante pesada, entregó panfletos a los jóvenes para repartir en sus trabajos, llamó al mozo mientra los despedía amablemente pretextando una reunión partidaria, se dirigió al baño y asegurándose previamente que los jóvenes hubiesen salido del local, tomó un bolso de regulares dimensiones que el mozo le alcanzó desde detrás del mostrador, e ingresó al baño.
-Acá viene lo bueno… solía decir Carozo antes de continuar con la historia, y de paso donde fuere que estuviera pedía otra copa.
Al rato salio Falacci del baño, ya no llevaba la camisa blanca, la corbata y los dorados ornamentos, ahora vestía una camisa gris a cuadros por fuera del pantalón, y una gorra visera negra, el bigote antes renegrido y prolijo apareció entrecano y abundante sobre los labios, ya el mozo había limpiado la mesa y colocado dos botellas de cerveza con cuatro vasos y algunos maníes cuando tres jóvenes de entre 20 a 25 años entraron al local y dándole la mano de una forma extraña, haciendo girar las palmas para luego quedar tomadas como para iniciar una pulseada, uno a uno se fueron sentando alrededor de la mesa.
Vestían camisas a cuadros grises o rojos desabotonadas, con camisetas musculosas debajo, jeans y costosísimas y coloreadas zapatillas, todos morochos, todos con gorras viseras de diversos colores y de costosa marca.
-Muchachos los mandé a llamar por que se nos esta aburguesando el partido se nos esta llenando de fachos y garcas… habría comenzado Falacci, para seguir invocando frases que según él, pertenecían a gente progresista y luchadora cuando no, revolucionaria, frases que remarcaba al pronunciarlas con un –Como dijo… tal o como decía cual, asegurándose que el tal o cual mencionado fuera un personaje mas o menos conocido por lo jóvenes, así parafraseando al Che Guevara, John William Cooke y hasta Juan Perón, explicó durante dos cervezas, que debían volcar al partido la mayor cantidad de pobres y excluidos para hacer de Todos por Tolosa un partido progresista y popular.
Carozo contaba como casi queda pagando el Concejal, cuando uno de los pibes le preguntó por las contradicciones del partido en sus carta orgánica que demostró saber de memoria, y de paso le recitó algunas frases de Mao que venían al caso, para terminar invocando a Santucho, por suerte el mozo que se notaba que tenía medidos los tiempos llegó a la mesa y le dijo que tenía un llamado por el teléfono del Bar, la telefonía de entonces permitía estos mutis en circunstancias apremiantes, a diferencia de la de hoy día que apenas te permite alejarte unos pocos pasos.
Salvado del papelón con la oportuna intervención del mozo, al regresar a la mesa, les dio unos panfletos distintos a los anteriores para que repartan en los barrios humildes de la zona, despidiéndolos con el pretexto de la consabida reunión partidaria, y un -¡Hasta la victoria siempre camarada, que sonó casi ridículo.
Carozo fue testigo nuevamente de la huida al baño con el bolsón, para salir esta vez vestido con un pantalón varios talles mas grande de lo debido y una camisa descolorida, el bigote mas canoso ya estaba recortado y finísimo sobre el labio superior, la cabeza igualmente calva cubierta con una gorra de grueso paño y unos mocasines marrones que habían conocido mejores tiempos le habían agregado varios años al Concejal, el detalle genial era un bastón de caña y una ligera renguera, esta vez los recibidos a la mesa eran tres ancianos que lo abrazaron mientras el Concejal Falacci les decía - ¡Muchachos! Todos por Tolosa necesita de la experiencia de los viejos militantes, nuestro objetivo es la clase pasiva injustamente tratada desde hace tanto… en ese momento apareció el mozo con cuatro tazas de té de boldo.
Según Carozo a esa altura asqueado por lo visto y oído llamó al mozo para pagar su cuenta, quien al traerla y cobrarle, imprevistamente le sonrió y le dijo _ ¿Y que tal el show?, ¿tendríamos que cobrarlo aparte no?, Carozo se sintió descubierto en su pequeño espionaje y no se animó a decir nada, se estaba dirigiendo a la escalera para bajar y salir de allí lo antes posible, cuando la mano del mozo le tomó fuerte del brazo, incomodo Carozo se dio vuelta esperando problemas pero se encontró nuevamente con la sonrisa franca de tierra adentro del mozo, -Miré si viene el sábado a eso de las dos de la mañana no se va a arrepentir, el chanta éste ya me avisó que tiene reunión con los travestis de acá a la vuelta, no se lo pierda, yo me muero por verlo… y palmeándolo en la espalda acepto y recogió agradecido la propina que estaba sobre la mesa.-
A esta altura Carozo paraba siempre el relato y pedía otra copa, para culminar declamando –¡Que asco me dio che! ¡Que políticos de mierda que tenemos!
Carozo ya no pinta paredes en las campañas, nadie lo llama, sus letras no tienen el trazo firme de antes, el Concejal Isidoro Falacci cayó en desgracia, estuvo preso un tiempo luego que un periodista le hiciera una cámara oculta al recibir una coima de un empresario de la noche y ya no milita en la política, vive de rentas, por Tolosa las cosa siguen igual que siempre.
AUTOR :DARDO GATTI
Dardo Gatti
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martes 30 de marzo de 2010
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MEJOR NO HABLAR DE CIERTAS COSAS ..."SUMO"